Ese sabado, primer dia de las vacaciones de semana santa, tambien amaneció gris, para variar. Mientras esperaba a que P llegara estuve dandole al CD de Fischerspooner. Ensayé algunos saludos en el retrovisor. No salía nada natural, lo dejé de lado y me concentré en la musica por un rato.
La esperé en la plataforma, la ví bajar y ordenar el equipaje, arreglarse el pelo y atravesar los metros que nos separaban. Tal vez se me notaba la tensión desde lejos, porque me dirigió una sonrisa plena mucho antes de darnos un beso en la mejilla e intercambiar saludos. Me alegró el gran tamaño de su maletas, tal vez tenía pensado quedarse mas dias de los acordados. Partimos rumbo a mi casa. Había estado ordenando y limpiando toda la semana anterior, sin tratar de engañarla, por encima se me nota que no soy metódico, ordenado u hogareño. Creo que simplemente trataba de agradarla, de que se sintiera cómoda, sin temor de transitar por un apartamento lleno de botellas, pedazos de circuitos y libros abiertos sobre el piso. En el camino cambiamos bromas sobre el viaje. Le toco compartir con una señora entrada en años que le ofrecio amablemente "compartir la mantita contra el frio". Ambos nos reimos por lo bajo, sin pasar a mayores.
Pasé la tarde guiandola por el centro y luego fuimos a una obra de teatro ruso. Teatro de muñecos. Lo que mejor recuerdo es el momento magico en el q se apagaron las luces y empezaron dos funciones. Una en el escenario y otra sobre el brazo compartido de la silla, una obra de acecho.
Luego de la obra estuvimos tomando breves sorbos de bacardí en una barra, haciendonos señas por encima del ruido de la musica, encontrandonos sobre la pista, aproximandonos, hasta que la hora de cerrar nos sorprendio con una botella apenas empezada. Al salir del sitio ella tomo la botella en una mano, aun quedaba un trozo de noche por delante. Pretendiamos que todo aquel licor nos ayudara a devorarlo. Sentados sobre mi sofá en un momento antes del amanecer fue explicito el deseo contenido durante cada minuto de ese dia. El dia nos sorprendio ebrios el uno del otro. Ya no hubo mas distancia.
La esperé en la plataforma, la ví bajar y ordenar el equipaje, arreglarse el pelo y atravesar los metros que nos separaban. Tal vez se me notaba la tensión desde lejos, porque me dirigió una sonrisa plena mucho antes de darnos un beso en la mejilla e intercambiar saludos. Me alegró el gran tamaño de su maletas, tal vez tenía pensado quedarse mas dias de los acordados. Partimos rumbo a mi casa. Había estado ordenando y limpiando toda la semana anterior, sin tratar de engañarla, por encima se me nota que no soy metódico, ordenado u hogareño. Creo que simplemente trataba de agradarla, de que se sintiera cómoda, sin temor de transitar por un apartamento lleno de botellas, pedazos de circuitos y libros abiertos sobre el piso. En el camino cambiamos bromas sobre el viaje. Le toco compartir con una señora entrada en años que le ofrecio amablemente "compartir la mantita contra el frio". Ambos nos reimos por lo bajo, sin pasar a mayores.
Pasé la tarde guiandola por el centro y luego fuimos a una obra de teatro ruso. Teatro de muñecos. Lo que mejor recuerdo es el momento magico en el q se apagaron las luces y empezaron dos funciones. Una en el escenario y otra sobre el brazo compartido de la silla, una obra de acecho.
Luego de la obra estuvimos tomando breves sorbos de bacardí en una barra, haciendonos señas por encima del ruido de la musica, encontrandonos sobre la pista, aproximandonos, hasta que la hora de cerrar nos sorprendio con una botella apenas empezada. Al salir del sitio ella tomo la botella en una mano, aun quedaba un trozo de noche por delante. Pretendiamos que todo aquel licor nos ayudara a devorarlo. Sentados sobre mi sofá en un momento antes del amanecer fue explicito el deseo contenido durante cada minuto de ese dia. El dia nos sorprendio ebrios el uno del otro. Ya no hubo mas distancia.





